22/1/09
15/1/09
12/1/09
dos cosas, dos

Espero que nunca deje de parecerme de risa loca; espero, de verdad, que estas cosas nunca me agarren con cara de resignación. Entonces por partes, hay dos cosas al menos, dos:
gran parte de lo mucho que disfruto lo que hago es la comunicación perfectamente elemental, la territorialidad, esa que empezó con sonidos de un animal hace mucho tiempo y que nosotros todavía respetamos y entendemos de una forma ya casi extinta. Así como algunas personas todavía tienen el don de entender un olor natural contra un perfume, en algún momento fue muy claro cuando algo era sano o putrefacto, sin que nada lo tuviera que explicar o ratificar; así tal cual me gusta que se entienda lo que hago, que no se tenga que disfrazar, que todo tenga sentido cuando se ocupa un lugar, entender necesidades de muchos tipos y saber contestar en ese mismo idioma que nunca tiene la pregunta correcta. Me gusta, y mucho, que se entienda y me parece triste y soberbio pensarme incomprendida, es mas bien incapacidad y flojera; entonces, nada de incomprensiones.
hasta qué punto él que paga, o el mercadólogo (aka burro sin cola), etc. digamos, las personas con las decisiones finales tienen a bien pedirle a un cirujano que ampute una mano perfectamente sana, así namás, sin ningún argumento, ni siquiera tablitas, estadísticas (que tampóco es que digan mucho), pero vamos, ni esfuerzo se hace por comprender algo que es incomprensible a ritmo de espectacular en periférico. Pero total, ni falta que hace, es mi lana y me la chingo como quiero; y es muy válido, que conste que no me burlo.
El problema es una falta de respeto; nadie tiene porqué darse cuenta del esfuerzo enorme de un grupote de hormigas cargando un cachito de pan, pero, si así namás con ganas de saber le preguntas a alguien que se dedica con cariño a esa observación, tu parte es escuchar (no digo creer a ciegas) pero si no ¿para qué preguntas?
Lo chistoso es, que cuando hay algo bien hecho, comunica, entonces gusta y entonces es negocio y ese mero aniquila lo primero y cualquier promesa en vez de provocar un movimiento cíclico. Trato de que no sea puritanismo y soberbia, y tal vez sí lo es, pero a veces me faltan razones para querer seguirle haciendo de traductor simultáneo, sobretodo cuando me piden que aplique la de "huele a pan". Pues no, namás no.
28/11/08
Mi exnoviecito de primaria, me tira muchísimo la onda. Yo le tengo cariño, verdadero, namás. Había insinuado en varias ocasiones que había cosas que sólo en caso de que fueramos novios me contaría y yo decía pues haz lo que quieras nadamás no respondo por lo que yo me imagino, que es lo peor. Entre que si que no, que me cuenta. Pues es que mi exnovia con la que viví 5 años esta embarazada, oye pero tú hasta hace un mes tenías otra novia que no era esa, ah, pues sí... bueno, sí le pinté el cuerno a la pasada con la más pasada y por eso. Yo, con mi cara de plato, ahí sí tratando de ser un poco empática por el gran pedo en el que está, nadamás en algún momento le pregunté si no se le hacía como un pinche batidero lo que está haciendo. Él decía que sí, pero pues nadamás está actuando conforme se siente. Yo le tengo franco aprecio, de verdad, nadamás no quiero andar con él (ni antes ni después de saber) y salgo con todos y con ninguno al mismo tiempo porque no tengo novio y no me interesa involucrarme así namás físicamente; y yo seguiría saliendo indefinidamente porque me caen bien, si no fuera por sus expectativas de que efectivamente desemboque en algo, y a mí no me interesa que desemboque en nada salvo cuando pasa. Él, algo molesto y celoso, me decía que eso era una actitud promiscua.
25/11/08
me puse roja
13/11/08
9/11/08
Hay días, no todos definitivamente, pero los hay, en los que amo mi trabajo, en los que entiendo que no puedo hacer otra cosa. La mayor parte del tiempo me carcome la incertidumbre de todo lo que puede salir mal, el sentir que peleo con un monstruo de humo. Son estos pocos días raros en los que no puedo parar de hacer, porque se siente bien, porque todo lo que hago esta ya contenido en mí, los que luego me alimentan por años. El rayito de luz que se cuela de algún lado justo cerca del letrero que uno necesitaba leer.Los hombres, salgo con ellos, los conozco y reconozco; ellos ven en mí una esencia similar a algo que ya conocen, pero rara vez me reconocen. Hay bien pocos de ellos que sí lo hacen, con ellos puedo descansar, me dan paz y funcionan en mi alma lo mismo que el olor de galletas en un horno, lo mismo que esos días raros. Los otros a su lado se ven borrosos, yo tampóco los reconozco.
Probablemente también así funciona con uno mismo. Al menos así me lo parece conmigo misma. La mayor parte del tiempo no te reconoces, no te defines hasta que en un chispazo ves el espejo y todo queda claro en un momento, ése se guarda en la memoria y lo llevas tanto tiempo como sea posible. El problema será entonces esa memoria con iniciativa a cambiarlo, matizarlo todo hasta que esa imagen se deshace como la ropa con las lavadas.
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