30/3/10
2/3/10
Burn all of your art repair the wasteful part
I'm a vampire in a forest fire
Hey! we all gotta keep warm
driving towards the storm
Your father was a pervert
Face down in the dirt
He taught you how to hurt
My father was a miner who lived in the suburbs
Let's live in the suburbs
If I let where I'm from burn I can never return!
My brother reads you and me his new poetry
How embarassing
Your sister pours the gasoline
I'll fix your meals
while your burns heal!
Find a house you don't have to rebuild
Stone by stone, brick by brick, nail by nail my father never meant to leave me
this
Let this love last
I drive too fast
Said I'd return if I'd ever cared
But there's no Interstate I'd find to take me there.
to take me there.
16/2/10
Los hedonistas la tenemos algo dificil aqui; dicen que así es la vida, dicen que toda la gente lo hace en todo el mundo y luego entonces así esta bien, pero no para nosotros los hedonistas. Nosotros no sabemos soportar ni competencia ni escalones o tablas de la "profesión", no entendemos de apechugar por un tiempo y nuestras vistas a futuro se reducen a fantasia en la que nada de lo habitable existe.
Los hedonistas la tenemos dificil porque no entedemos el tiempo, ni el que se fue ni el que viene. No extrañamos a nadie y probablemente nadie nos extraña, nadie completa los pasados que podrían ser los únicos tiempos completos.
31/1/10
El arquitecto ya no es un héroe, es una marca
Texto publicado por JAVIER BONED PURKISS (doctor arquitecto y uno de los miembros de la incipiente escuela de Málaga.)
Umberto Eco (Alessandria, Piamonte; 5 de enero de 1932), allá por 1968, y en su trabajo 'La Estructura Ausente', sentaba con claridad las bases de la futura condición de arquitecto. Decía textualmente: "…el arquitecto se verá obligado continuamente a ser algo distinto para construir. Habrá de convertirse en sociólogo, político, psicólogo, antropólogo, semiótico… y la situación no cambiará si lo hace trabajando en equipo, es decir, haciendo trabajar con él a todos los profesionales anteriores. Obligado a descubrir formas que constituyan sistemas de exigencia sobre los cuales no tiene poder; obligado a articular un lenguaje, la arquitectura, que siempre ha de decir algo distinto de sí mismo (lo que no sucede en la lengua verbal, que a nivel estético puede hablar de sus propias formas; ni en la pintura, que puede pintar sus propias leyes; y menos aún en la música que solamente organiza relaciones sintácticas internas a su propio sistema), el arquitecto está condenado, por la misma naturaleza de su trabajo, a ser con toda seguridad la única y última figura humanística de la sociedad contemporánea; obligado a pensar la totalidad precisamente en la medida en que es un técnico sectorial, especializado, dedicado a operaciones específicas y no a hacer declaraciones metafísicas".Este párrafo anunciaba con dramática precisión las condiciones en las que iba a convertirse una actividad que siempre había estado sustentada por el principio de la creatividad, aunque sus manifestaciones debieran cumplir las exigencias sociales y culturales que la arquitectura siempre conlleva. Cuarenta años más tarde del texto del semiólogo italiano, las condiciones de trabajo y de producción de la arquitectura en las modernas sociedades post-industriales y tecnológicas parecen darle milimétricamente la razón.
La realidad compleja y la cantidad de agentes que intervienen en el proceso de producción de la arquitectura, y sobre todo, la indiscriminada y masiva banalización de los códigos arquitectónicos para su incorporación a la economía de mercado, han obligado a la mayoría de los arquitectos a prescindir de su endogámica capacidad creativa, para convertirse en piezas mecánicamente estereotipadas del engranaje productivo. Justamente contra lo que se dirigía el discurso del bueno de Howard Roark. Y es que desde luego corren otros tiempos para la arquitectura y los arquitectos.Pero llegados a este punto podemos a la vez constatar que en nuestra sociedad de la información existen una minoría de arquitectos que, utilizando una serie de recursos que podríamos llamar "estratégicos", que la misma sociedad les proporciona, han sabido, o han podido, mantener una serie de privilegios culturales y económicos, y desarrollar la actividad arquitectónica de una forma muy cercana a la que comentábamos anteriormente como perteneciente a la época heroica. Me estoy refiriendo a algunos de los denominados "arquitectos-estrella" (no a todos), que justamente debido a su carácter de marca han conseguido trascender esta condición anunciada y constatada de pérdida de poder por parte del arquitecto, introduciéndose en el mercado justamente a través del manejo de códigos, iconografías y sistemas cercanos a las técnicas publicitarias y perfectamente insertados en los modos de producción de la sociedad del espectáculo. Esta estructura de "marca" les ha permitido, les permite, de hecho, seguir desarrollando su imaginación y poseyendo el control intelectual de una arquitectura cada vez más compleja y que está obligada a dar respuesta a un número ingente de parámetros. Su condición de "marca" les permite investigar, inventar (no todos), mantenerse, en definitiva, en el paisaje creativo de la arquitectura que llega a hacerse realidad construida.
Esto es así, nos guste o no. La gran mayoría de los arquitectos del mundo podrán denostar esta actitud mal denominada "narcisista", "espectacular" o "formalista", pero no cabe duda que pone de manifiesto una cierta resistencia heroica de la actividad arquitectónica a verse engullida en la anonimato estadístico de lo sostenible, amén de dejar patente día tras día la dramática situación creativa de una enorme mayoría silenciosa de profesionales que tienen que conformarse con moverse en los terrenos de la mera supervivencia.
Y también conviene constatar que puede estar alumbrándose (quizás nunca dejó de existir del todo), otro tipo de héroe, un anti-héroe de carácter negativo y piranesiano, que desde la realidad virtual, desde la marginación que supondría la no-construcción, podría erigirse en profeta visual y sensitivo de nuestra época. Desde esa producción utópica y creadora de imágenes y espacios podría tener una importante repercusión en nuestras vidas y en una realidad construida de la arquitectura que todavía no somos ni capaces de imaginar.
gracias por esto.
y ya no quiero estar, sólo quiero dormir. me traga completa pensar que no hay razonamiento, ni prudencia suficiente que frene la descomposición, que todo mi esfuerzo llega sólo a un muro. me parece injustísimo.
y no entiendo.
ni queremos ni necesitamos cosas tan diferentes, entonces porqué todo mal?
todos tenemos un cisticerco en la zona del habla y en vez de decir quiero hacerte feliz decimos ya no se qué hacer contigo.
23/11/09
El hogar me da la ilusión de tiempo, si no fuera porque el hogar mismo es una ilusión para mí. Hay pocas cosas que haya deseado más que mi propio espacio, desde siempre, porque no me siento bienvenida por lo general. Sé que nadie me corre, que nadie me odia; pero no me siento bienvenida. Si el hogar es el lugar que te da lo que necesitas, lo descubrió el hombre sedentario al ver que un mismo lugar podía proveer, que no era necesario seguir buscando; ya estaba ahí, y el tiempo dejaba de ser las diferentes coordenadas que ocupa un punto en una trayectoria, ocupaba las mismas coordenadas, el mismo punto, mientras el plano cartesiano variaba y proveía. Y el tiempo se volvió raro, como si no pasara, como si no constara de etapas, porque era lo mismo y diferente pero igual. Nosotros empezamos a marcar la vida, en el mismo lugar, con etapas biológicas y años y demás, pero todo resulta ser igual. Aunque pienso cosas diferentes, mi forma de pensar no dista mucho de mis recuerdos más lejanos, y aparte, en mi cabeza están cerquísima y hasta se sienten igual.
Mi hermano lo fue a buscar al otro lado del mundo, porque este que teníamos nos repelió a ambos. Yo no encuentro el mío, a veces parece, pero no lo encuentro. Al dolor de la tierra le llaman nostalgia, el dolor del regreso (una enfermedad, tal cual, una dolencia), lo que fue; mi dolor de tierra tiene que ver con que no encuentro lo que no conozco, y quizá por eso, no reconozco. Como mi camisa, sin ojales ni botones, pero trae, en la etiqueta interior, un botón extra... como por si ¿se me cae cuál? No tengo ojal para abotonar la nostalgia que traigo de repuesto. Lo que es más: cuando quieres algo tanto te aferras a cualquier cosa que se le parece, pero lo cierto es que sólo se requiere, creo, tantita agudeza visual, porque el hogar empieza en los ojos de algunas personas. Los ojos de mi mamá son hogar, no su casa; los de mi papá son culpa, no son hogar; los de khaled son un espejo, pero también son hogar, los de la loca, los de fernando, también lo son. El problema es la noción de que no hay tal lugar, que me llega de música de fondo. Tienes razón, tengo poca fe, si no es que nula, porque me cuesta callar la música de fondo y seguir buscando o bien, querer seguir buscando. La música de fondo toca del tiempo en el que ya no habrá tacto, en el que la única costumbre de la piel sea el éter, hasta que tu alma se acostumbre también.